Hola, soy Lupita Hernández Sánchez, tengo diez años y curso el quinto año de primaria; soy originaria de Paracho, Michoacán. Recuerdo que mi maestro de cuarto año nos comentó que los niños teníamos derechos y que podíamos exigirlos, pero nunca nos dijo cuáles eran. Le pregunté a mi maestro de quinto y me contestó que los derechos de los niños eran: “Tener un nombre, salud, educación, una familia, derecho a la información y algunos otros”, pero que no sabía más al respecto. Les pregunté a mis papás y me dijeron que ellos desconocían esos derechos, pero que cuando me enfermaba me llevaban al centro de salud, que iba a la escuela y tenía una familia, aunque no entendían eso del “derecho a la información”. ¿Qué hice yo? Leí diferentes libros, folletos y demás hasta que en mi búsqueda me di cuenta de que lo que estaba haciendo era precisamente eso: ejercer mi derecho a la información.

Leer es muy importante en la vida de todo ser humano ya que nos permite entrar a un mundo maravilloso, que es la información, y así dejamos en el olvido la ignorancia. La letra impresa tiene gran peso en nuestro conocimiento y en nuestro proceder, pues si no leemos, nuestro mundo se reducirá a la frase: “Me dijeron que…”, tan usada entre la sociedad.

Entendí que nuestro derecho a la información debe despertarnos primero la obligación de leer, que después se convertirá en gusto por la lectura, y así todo niño y niña crecerán conociendo sus derechos y enterrarán El Fantasma de la Ignorancia.

Los niños y las niñas sabemos que leer un libro es acceder a un mundo mágico, y que la letra impresa hace volar nuestra imaginación. Desde entonces me siento muy feliz y además de mis juguetes también cargo un libro bajo el brazo, ya que leer no hace que pierdas tu alma de niño.

Es difícil creer que este mundo que habitamos es maravilloso, pero al fomentar en los pequeños la lectura alcanzaremos un mayor conocimiento para hacer que así sea.