¿Se ha sentido solo alguna vez?

La soledad nos puede alcanzar en momentos de la vida en que no la esperamos. Llega de forma repentina y sutil para confrontarnos, examinarnos… Entonces nos encontramos sin máscaras ni espejismos y nos miramos a nosotros mismos cara a cara.

A veces buscamos respuestas en nuestra conciencia, le damos vueltas al mismo tema en nuestra cabeza sin llegar a ninguna conclusión. Pedimos consejos a familiares o amigos, nos conectamos a las redes sociales o encendemos el televisor para distraernos. ¿Le parece familiar esta situación? ¿Cómo se conecta nuestro medio editorial y librero en un caso así? Eso me propongo explicar brevemente.

Lo más noble de nuestra industria no es vender un producto a nuestros clientes, sino acercarles un compañero que atraviese la adversidad con ellos, que los guíe, aliente, alegre y ayude en la aventura de echar a volar la imaginación hacia lugares que desconocían.

Veamos, en conjunto, los libros de esta manera. La abundancia de contenido, enseñanza, sabiduría, educación y cultura que nos brindan son un tesoro invaluable. Vendemos riqueza intelectual, emocional, cultural… Por medio de ellos generamos una sociedad creativa, sabia, fuerte en sus creencias y convicciones, armada para combatir en cualquier batalla. Leer brinda una propuesta de valor, siembra una semilla que siempre dará fruto en la mente de quien lo experimente.

No se trata de ofrecerlos como “uno más” en la mesa, sino de orientar al lector para obtener lo que necesita. Al poner los pies en una librería, la persona entra con una expectativa, siente una necesidad muy particular que normalmente no dice. Es ahí donde el consejo del vendedor le vendrá como anillo al dedo. No escatime en abordarlo de forma amable y hacer un acercamiento personal. Oriéntelo, exhórtelo, llévelo a darse cuenta de que en ese libro encontrará respuestas. Al final, usted se quedará con la gran satisfacción de haberse unido a la misma misión que anhelamos cumplir con los lectores: enriquecerlos mientras leen…