El acto de leer es, contundentemente, un acto humano. Ni los leones ni las gaviotas son capaces de hacerlo. Leer nos permite aprender cosas nuevas, nos permite imaginar. Nos permite viajar a nuevos mundos y convertirnos en otras personas. Pero el acto de leer tiene también otra acepción en la que vale la pena detenerse un instante.

Allá por el año 500 antes de nuestra era, los antiguos griegos crearon el verbo que describía el acto de leer, y entre los diferentes significados que le dieron, incluyeron también el de compartir. Para ellos, leer era equivalente a entregar a los otros algo que puede resultar valioso y que al entregarse no se pierde, sino que se reproduce y enriquece a quienes llega. Leer como sinónimo de compartir.

Así, tenemos entonces que leer es un acto profundamente humano pues nos permite compartir, enriquecernos y enriquecer a otros. Acercar la lectura es un acto noble de gran significado. Cuando alguien atraviesa la puerta de nuestra librería o visita nuestro estante, va en busca de encontrar algo, sabe o no sabe qué es, pero nuestra tarea es compartirle algo que le enriquezca el alma, que le permita conectarse consigo y con su ser humano. Es aquí donde radica nuestro mayor compromiso: para nosotros es importante que nuestra empresa, mediana, pequeña o gigantesca cumpla con sus objetivos contables, pero también es prioritario cumplir con la esencia de nuestro oficio: compartir conocimiento.

Si cada visitante que atendemos se lleva papel con tinta no hay certeza de que vuelva, pero si a cada cliente que se acerca a nosotros le compartimos algo nuevo, algo que le ayude a marcar un rumbo, que le dé consuelo, respuestas o incluso, que le genere más preguntas, tengamos la plena certeza de que habremos hecho algo por él pero además, de que volverá con nosotros para seguir compartiendo.

Leer es sinónimo de compartir. Fortalezcamos nuestro compromiso con este acto. Compartamos y todos seremos mejores.