Nuestra mente se alimenta de ideas. De nosotros depende la calidad del alimento que le proporcionemos: si le damos comida poco nutritiva, tendremos una mente débil, enfermiza, ineficaz, y en consecuencia, negativa. Por el contrario, si la nutrimos con comida adecuada, el resultado será una mente sana, ágil, despierta y positiva.

Pero, ¿qué tipo de ideas deberíamos proporcionarle? Desde luego, ideas que nos hagan crecer como personas, que nos ayuden a conservar o corregir el rumbo, que nos permitan entendernos y entender el mundo en que vivimos.

Hoy, más que nunca, la formación autodidacta, complementaria a la académica, es clave para una vida satisfactoria. No se trata sólo de adquirir conocimientos para aprobar una asignatura u obtener un diploma, sino de formarse integralmente para la vida. No basta con informar acerca de distintas opciones: los seres humanos necesitamos certezas y modelos de conducta, y los buscamos en diferentes ámbitos, desde la literatura hasta la historia, desde la ciencia hasta la filosofía, desde los libros de liderazgo hasta los de antropología. No es suficiente con informar a los jóvenes acerca de salud o convivencia: es necesario darles una guía para tomar las mejores decisiones.

Por supuesto, los adultos seguimos necesitando adquirir y generar nuevos conocimientos. El día en que dejemos de aprender, será que habremos aceptado la derrota ante las adversidades.

Frente al caos informativo que dan los medios audiovisuales, los libros son una magnífica opción de alimento para nuestras mentes. Los libros nos obligan a mantener la concentración, relacionar las ideas ordenadamente, reflexionar y contrastar los conceptos; todo eso es alimento y ejercicio mental. Mientras más sano se halle internamente cada individuo, el tejido social estará en mejores condiciones.

Nuestra sociedad enfrenta problemas que han existido desde hace mucho, como la violencia o las dificultades económicas. También otros que no existían o no eran tan graves hace unas décadas, como los trastornos alimentarios, la falta de unión familiar, la oferta de estupefacientes, la generalización del desánimo ante los retos presentes.

Por eso, una parte fundamental de nuestra labor es ofrecer libros que no sólo muestren un abanico de opciones sobre algún tema, sino que alienten a tomar las mejores decisiones; libros que no se limitan a un análisis minucioso de su materia, sino que brinden ejemplos realistas y consejos prácticos. También son de gran ayuda los libros que simplemente inspiran; inspiran a no rendirnos, a ser más generosos, más tolerantes, a buscar una mejora constante y a compartirla con los demás.

Este verano, aprovechemos que jóvenes y adultos están en un ambiente de receso académico. Ofrezcamos variedad, inspiremos, propongamos respuestas sinceras, opciones verdaderas, esperanza, confianza.

Como libreros, tenemos la obligación y la dicha de conocer nuestra oferta mejor que nadie: seamos ávidos lectores para transmitir esa misma sed de lectura. Sólo así nuestra labor será sincera y dará grandes frutos.

Nosotros no negociamos con el ocio ajeno: ayudamos a nuestros semejantes a nutrir sus mentes, y así, desde nuestro puesto, contribuimos a la formación de individuos plenos, positivos y solidarios.