El próximo 30 de abril se festejará en nuestro país el Día del Niño y es oportuno preguntar ¿Tenemos algo más valioso que nuestros pequeños? ¿No son acaso nuestro mayor tesoro? Por otra parte, resulta curioso que siete días antes, el 23 de abril, se conmemore el Día Mundial del Libro, lo cual, si estamos pendientes, nos permitirá enlazar nuestra exhibición de libros, para incluir en ella y después continuar, con una amplia sección dedicada a los infantes.

El Niño y el libro forman una mezcla excelente. El primero quiere saber, pues empieza a vivir y el segundo quiere “platicar”, pues ha vivido ya y encierra la diversión, la orientación y el conocimiento necesarios para el espíritu inquieto y tierno de nuestras nuevas generaciones.

Mucho se ha escrito y se escribe para los niños y en su día se nos presenta una oportunidad natural para que exhibamos en nuestras vitrinas, anaqueles y en redes sociales esos títulos maravillosos que guardan en su interior universos y personajes fantásticos, divertidos, aventureros y sabios, capaces de enriquecer la vida y las esperanzas de nuestros pequeños, capaces de transportarlos al espacio de los sueños y llevarlos a explorar y a conquistar los rincones más remotos y los paisajes más escondidos de la imaginación.

Es cierto, el 30 de abril es día de nuestros hijos, mas debemos estar conscientes, si queremos construir una mejor sociedad, de que el Día del Niño lo mismo que el Día Mundial del Libro, deben festejarse los 365 días y, por lo tanto, encauzar los esfuerzos por acercar nuestros libros, de manera permanente a estas “capsulitas del futuro” llamadas niños.