Según la definición del Diccionario de la Real Academia Española, el amor es “un s entimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser”, y amar, define, es la acción de tener justamente ese sentimiento.

Por otra parte, la misma Academia define la acción leer como “pasar la vista por lo escrito o impreso comprendiendo la significación de los caracteres empleados”. En otra de sus acepciones, como “ comprender el sentido de cualquier  tipo  de representación  gráfica, entender interpretar un  texto de determinado modo”, incluso, “descubrir por  indicios los sentimientos pensamientos de alguien”.

La acción de leer, entonces, puede ser entendida como verbo en su sentido más amplio: como la posibilidad de interpretar, de llenar un vacío, de complementar la insuficiencia, como en el amor. La lectura pasa a ser acción sólo a partir de que alguien, una persona, es capaz de leer, de interpretar, de complementar el ciclo que solamente se llena leyendo.

Amar y leer son verbos profundamente conectados a la condición humana. A diferencia de correr, de dormir, de comer o jugar, que son acciones que realiza cualquier ser vivo del reino animal, sólo las personas somos capaces de entender el significado y poner en práctica los verbos leer y amar.

Además, al amar y al leer los une otra condición exclusivamente humana: ambas actividades propician la felicidad.

Al enamorarnos, al poner en práctica el verbo amar, nos convertimos en expertos en leer, en interpretar las palabras del otro, sus miradas, sus gestos, sus silencios y hasta sus anhelos. Amar es leer al otro y desear y permitir que el otro nos lea y además, como dijera Jorge Luis Borges, “el verbo leer, como el verbo amar y el verbo soñar, no soporta el modo imperativo”.

“Yo siempre les aconsejé a mis estudiantes contó alguna vez el escritor argentino que si un libro los aburre lo dejen; que no lo lean porque es famoso, que no lean un libro porque es moderno, que no lean un libro porque es antiguo. La lectura debe ser una de las formas de la felicidad y no se puede obligar a nadie a ser feliz”.

En este mes provoquemos felicidad a nuestros clientes con estas dos acciones, a través del libro, que seguro tienes en la mente o en tu mano, y puedes recomendarle.

Berenice Rojas

Harper Collins